Por un mundo a favor del Patrimonio Cultural.

Tras las últimas noticias que estamos viendo acerca del Patrimonio Cultural y su escasa valoración, desde Museistícate promovemos un conocimiento y puesta en valor tanto del mismo como de las políticas legislativas que se crearon para su conservación y salvaguardia.

Este post viene a coalición de la destrucción del Patrimonio que estamos viviendo en los últimos meses (Palmira, por poner un ejemplo más reciente)[1]

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Pero esto no es nada nuevo. Y por esta misma razón nos tendría que alarmar. Pues basta con bucear entre los archivos recientes para darnos cuenta de que ya la Segunda Guerra Mundial dejó a grandes regiones de nuestro planeta devastadas, a numerosas ciudades destruidas, a numerosos grupos humanos diezmados y a muchas mentes ofuscadas y confusas. En este momento es cuando surge, o resurge – porque ya se había intentado antes – la idea de que sólo la cooperación a nivel mundial podría conseguir que tales horrores no volvieran a suceder.

“Nosotros, los pueblos de las Naciones Unidas, resueltos a preservar a las generaciones futuras del flagelo de la guerra que dos veces durante nuestra vida ha infligido a la Humanidad sufrimientos indecibles…”, así comienza la Carta de las Naciones Unidas, organismo dentro del cual se crea la UNESCO, una rama de la ONU especializada en la educación, la ciencia y la cultura, en cuyo seno vamos a encontrarnos con el Patrimonio Cultural: sus orígenes están en la Carta de Atenas (1931), así como en la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948, entre los que se encuentran la educación y la cultura para todas las personas del mundo.

La UNESCO y su relación con el Patrimonio Cultural.

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El tema del Patrimonio Cultural, que como bien se sabe no es el único que aborda la UNESCO, ya formó parte de, como derecho de todos los individuos humanos, de su Constitución, según la cual este organismo ayudará a la conservación, al progreso y a la difusión del saber, velando por la conservación y protección del patrimonio universal de libros, obras de arte y monumentos de interés histórico o científico. De hecho, la UNESCO es la institución responsable de velar por la protección jurídica internacional del Patrimonio Cultural.

Respecto a las funciones y actividades que posee la UNESCO respecto al Patrimonio Cultural son las siguientes:

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Los organismos más importantes especializados, de acuerdo con el tercer punto, son los siguientes:

  1. ICOM o Comité/Consejo Internacional de Museos. Fue fundado en el año 1946 en París, y es la organización internacional de los museos y por ende de las personas profesionales de los museos. Sustituyó a la Oficina Internacional de Museos, creada en 1926, bajo la supervisión del Instituto Internacional para la Cooperación Intelectual, organismo de la Sociedad de Naciones que fue el precursor de la UNESCO. Asimismo, ICOM publica la revista Museum y además difunde sus informaciones por medio del boletín ICOM News.
  2. El ICCROM. Es el Centro Internacional de Estudios para la Conservación y Restauración de Objetos de Museos. Fue creado en 1959, tiene su sede en la capital italiana y es la organización intergubernamental especializada en la restauración de los bienes muebles.
  3. El ICOMOS. Es el Consejo Internacional de Monumentos y Sitios. Surgió en 1965 y tiene su sede en París. Se dedica a la conservación de los monumentos, conjuntos y sitios, es decir, a los bienes inmuebles, incluidos los yacimientos arqueológicos. Dentro de él engloba a diferentes grupos especializados como el ICAHM o el Consejo Internacional para la Gestión del Patrimonio arqueológico, creado en 1990, año de la publicación de una interesante “Carta sobre la Gestión del Patrimonio arqueológico”. Todas estas organizaciones tienen una oficina en España.

 

Los documentos de la UNESCO sobre la salvaguarda y protección del Patrimonio Cultural:

  • Las Convenciones o Convenios, que también pueden aparecer bajo la denominación de “Tratados”. Son documentos que se convierten en leyes para los Estados que se adhieran a ellos oficialmente y los publiquen como tan en sus respectivos Boletines Oficiales o similares. Son los más importantes y los menos numerosos. Por ejemplo, el ya comentado: el “Convenio para la protección de los Bienes Culturales en caso de conflicto armado”, que fue firmado en el año 1954 y ratificado oficialmente por España en 1960. En él, los Estados firmantes se comprometen a renunciar a la destrucción o al uso peligroso de los sitios arquitectónicos y arqueológicos, y de los museos y colecciones, en el transcurso de una guerra. El texto cuenta con dos protocolos: el primero trata sobre el riesgo de exportar propiedades culturales fuera de un territorio ocupado; mientras el segundo establece sanciones penales en las legislaciones nacionales.

Con este documento, la UNESCO  ha utilizado su autoridad moral ante partes en conflicto para evitar daños, y ha coordinado asistencias técnicas y medidas para reducir los destrozos causados por los conflictos; pero poco más.

  • Las recomendaciones, declaraciones o cartas que, se firmen o no, no se convierten en leyes. Son tan solo invitaciones a obrar de una determinada manera, sin poder vinculante. El compromiso que declaran es sólo moral o político, en virtud del principio de buena fe. A pesar de ello, estos textos, han tenido mucha importancia tanto en la literatura especializada como en la formación de la normativa de los distintos Estados.

En 1956 se publica el primer texto internacional sobre excavaciones arqueológicas, la “Recomendación que define los principios internacionales que deberán aplicarse a las excavaciones arqueológicas”. Un texto curioso, aunque lógico, por ser el pionero en el mundo occidental que ha considerado las excavaciones arqueológicas como un feudo propio o incluso como una avanzadilla del espionaje y del colonialismo. Pero salvando esto, se trata de un texto verdaderamente excepcional para la fecha: pues por primera vez se hace alusión a “Patrimonio arqueológico” como tal, aunque no se defina y en el título se hable sólo de excavaciones; su principal objetivo es el del control de las mismas. En él se trata de las siguientes cuestiones, a destacar:

  • La necesidad de documentación, de autorizaciones y sus condiciones.
  • Impedir las actividades clandestinas, por la obligación de declarar lo descubierto o incluso por la necesidad de que cada legislación estatal precise el régimen jurídico del subsuelo arqueológico.
  • El comercio ilícito, otro de los aspectos a destacar. Recomendando cuidados ante ofertas de procedencia dudosa y la publicación inmediata de las piezas adquiridas.
  • Se aconseja emprender una acción educativa para despertar y desarrollar el respeto del público por los vestigios del pasado. Así como construir o disponer, cerca de los lugares arqueológicos, pequeños establecimientos para que el visitante los comprenda mejor (como Centros de Interpretación, aulas arqueológicas…).
  • En la siguiente década, y con el objeto de luchar contra el expolio internacional, la UNESCO en 1964 saca a la luz la publicación “Recomendación sobre las Medidas Encaminadas a Prohibir e Impedir la Exportación, Importación y Transferencia de Propiedades Ilícitas de Bienes Culturales”. Y para reforzar su labor, la propia UNESCO creó también poco tiempo después, en 1976, la “Recomendación sobre el Intercambio Internacional de Bienes Culturales”, y además, una década más tarde, en 1980, el “Comité Intergubernamental para fomentar el retorno de los bienes culturales a sus países de origen o su restitución en caso de apropiación ilícita”, de carácter consultivo, que apoya las negociaciones bilaterales para la devolución de obras importantes a su país de origen.

Y, en lo que nos incumbe a nosotros, es decir, lo relativo a la conservación y salvaguarda del Patrimonio Histórico-Artístico, en 1968 se publica la “Recomendación sobre la Conservación de los Bienes Culturales que la ejecución de obras públicas o privadas pueda poner en peligro”, un documento realmente excepcional para su fecha. Así mismo, en 1976 se publicó la “Recomendación relativa a la salvaguardia de los Conjuntos Históricos y su función en la vida contemporánea”; la cual surge por la especial preocupación de la UNESCO por las ciudades históricas, lo cual es una constante. Así se publica en 1987 se publica la “Carta de Washington” o la “Carta internacional para la conservación de las ciudades históricas y áreas urbanas históricas”.

[1] Léase una excelente reflexión de un compañero nuestro acerca de la destrucción del Patrimonio de Palmira. Muy recomendable. https://miguelvillalbablog.wordpress.com/2016/04/05/palmira-quien-te-ha-visto-y-quien-te-ve/. [Consulta 10/04/16].

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