Tal día como hoy… pero de 1809…

Un 17 de febrero de 1809, en el comienzo del Segundo Sitio o asedio de la ciudad de Zaragoza durante la invasión francesa, una mujer llamada María Blázquez y cuatro hombres anónimos rescataron el Santo Cristo de la Cama de las ruinas del convento de San Francisco.

Aquí les dejo una aproximación histórico-artística del mismo, las causas de su derrumbe y dónde podemos contemplar hoy el Santo Cristo de la Cama.

Introducción histórico-artística del Convento franciscano.

El convento estaba situado dentro del casco urbano de la ciudad, formando parte del llamado sector de San Gil. Este sector comprendía diversos edificios religiosos: Además de su iglesia parroquial, los conventos de San Francisco, San Felipe Neri, Santa Fe, las Recogidas, Santa Rosa, y los colegios de San Diego, Santo Tomás de Villanueva y el de las Vírgenes.[1]

El célebre analista de Aragón, Jerónimo Zurita, dice del convento de San Francisco: “Es de los más insignes de la cristiandad”. Y con los siglos, se fue convirtiendo en uno de los centros más populares de la vida religiosa de la ciudad. La iglesia era de una nave gótica que medía 96 metros de larga por 18 de ancha. Y en esta iglesia celebraban sus festividades las cofradías y gremios: los sastres y calceteros honraban a San Antonio de Padua; los maestros albañiles, a San Esteban; los comerciantes de tejidos tenían por patrona a Santa Eulalia. También se veneraba allí a Nuestra Señora de los Ángeles o de la Porciúncula, reina de la Orden Franciscana. Y en una capilla propia, la imagen del Cristo de la Cama de la Hermandad de la Sangre de Cristo.

El convento de San Francisco es punto de referencia a muchos hechos históricos de Zaragoza:

  • De la iglesia de San Francisco salía la solemne procesión del Santo Entierro el día de Viernes Santo, acompañada de diversos “Pasos” procedentes de las iglesias de la ciudad.
  • En este convento, al anochecer del día 25 de septiembre de 1469, se trató y quedó casi decidida la boda inmediata, urgente y peligrosa de Don Hernando de Aragón con Doña Isabel de Trastámara.
  • Famosos personajes fueron enterrados en este convento de San Francisco, como el fundador del convento, don Pedro, hermano del rey don Jaime II, así como la madre del rey Don Pedro IV el Ceremonioso; Doña Teresa de Enteza y sus hijos, Isabel y Sancho. Allí también fue enterrado, tras haberlo trasladado del cadalso, levantado en el arco de Toledo, en donde fue decapitado, el joven Justicia de Aragón don Juan de Lanuza.

El Convento de San Francisco en los Sitios.

El convento de San Francisco, que se situaba en la antigua plaza de la Constitución zaragozana (hoy plaza de España y donde hoy se levanta la Diputación Provincial), fue uno de los primeros monumentos destruidos en el avance del ejército imperial al comienzo del Segundo Sitio.

Ocupaba un gran terreno con su huerta, iglesia y numerosas habitaciones y dependencias, capaz de albergar diariamente a una centena de religiosos, convertido sin duda en una verdadera ciudadela. Fue el refugio de cientos de personas que abandonaban sus casas, huyendo del peligro de las bombas. Y fue la casa de los sin techo, de aquel gran número de familias que se quedaron en la calle, al ser derruidas sus viviendas por los enemigos. Los cronistas de Los Sitios aluden con frecuencia a la importancia que tuvo este convento de San Francisco. En palabras de Casamayor, cronista de los hechos:

Día 4 de agosto de 1808: Este día es el que será memorable para la ínclita Zaragoza en todas las posteridades… Se hicieron dueños del convento de San Francisco y del Hospital en el que habiendo  cometido cuanto de malo pueda imaginarse, nos hicieron desde estos dos puntos tanto fuego que apenas se podía respirar, pues apoderados de la torre y vistillas de San Francisco, cuadras e iglesias del Hospital donde formaron viseras, no dejaban pasar a persona alguna sin tirarle, y a pesar de tanta furia de fuego, no faltaron valientes patricios que despreciando sus vidas, hicieron frente al enemigo, causándoles mucho daño y muertos.[2]

Día 5 de agosto de 1808: Amaneció el día y prosiguió el bombardeo como el anterior, y los robos y asesinatos en los barrios ocupados por ellos con el mayor furor, destrozando el Santo Hospital, quemando el granero y matando a los hermanos dementes que lo guardaban, y cometiendo cuanto su indignidad les sugería. Como también el convento de San Francisco, en cuyas gradas del Coso estaban tendidos los cuerpos de nueve religiosos muertos el día anterior, sin poder acercarse nadie a darles sepultura por el vivo fuego que de la puerta, torre y alturas del mismo y del Hospital, continuamente estaban haciendo a cuantos se presentaban.[3]

Entonces, la única forma de combatir a los franceses y sacarlos de estas dos grandes fortalezas donde estaban cobijados –el Hospital y el Convento de San Francisco – era mediante el incendio de estos edificios. Así, el 12 de agosto de 1808 “se incendió el interior del Hospital, […] e igualmente  el Convento de San Francisco, en cuya iglesia tenían colocado un cañón”[4].

Tras la llegada de noticias a Zaragoza del episodio del 14 de agosto de 1808 (batalla de Bailén), los ejércitos de Napoleón se retiran de Zaragoza. Pero Zaragoza ya empezaba a preparase para hacer frene con valor y energías renovadas para un Segundo Sitio, que dio comienzo el 20 de diciembre de ese mismo año (1808) con la aparición del ejército francés delante de la ciudad, ocupando inmediatamente el monte de Torrero.

En este segundo Sitio, la suerte del Convento franciscano fue todavía a peor. El ejército francés quiso acabar con él. Fue un verdadero acontecimiento memorable e histórico que todos relatan como una gran voladura del convento (con 3.000 libras de pólvora). Una terrible explosión que afectó una gran parte del convento y del claustro, cuyos restos cayeron en el inmenso cráter.  Dice Lejeune, comentando la voladura del Convento:

Rara vez ha presentado la guerra un cuadro más espantoso que el de las ruinas del Convento de San Francisco durante el asalto y en los momentos que le sucedieron. “No solamente la violenta explosión destruyó la mitad del convento y las cuevas, en las que muchas familias se creían en seguridad contra el bombardeo, sino que hizo perecer a 400 obreros y defensores, entre ellos, toda una compañía de granaderos del regimiento de Valencia.

La tierra de los jardines de Fuentes, todo el terreno de los alrededores, y los techos, presentaban el horrible espectáculo de estar cubiertos de restos humanos. No se podía dar un paso sin tropezar con miembros desgarrados y palpitantes. Un gran numero de manos y de fragmentos de brazos separados nos indicaban toda la enormidad de la catástrofe.

La explosión había hecho una gran brecha a un lado del muro, cerca de la puerta mayor… Cuando penetramos por la brecha, los españoles entraban ya en la iglesia por la sacristía. Se parapetaban en medio de los escombros, detrás de bancos, sillas, confesionarios volcados; hasta las reliquias y los ataúdes, exhumados de sus cuevas por la explosión, todo les servía de barricada para combatir.

Una lluvia de balas caía sobre nosotros por todas partes. Las más mortíferas partían de las tribunas y galerías altas, especialmente de las pequeñas aberturas de uno de los grandes pilares al lado del coro, en donde estaba situada la escalera del campanario.[5]

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Ruinas del Convento de San Francisco. Grabado de época.

La desaparición del Convento de San Francisco.

Tras la Ley de Desamortización de Mendizábal (en 1835), se prescindió guardar gratitud y recuerdo alguno ni al convento franciscano ni a sus religiosos, que tanto hicieron por la defensa de la ciudad de Zaragoza. Pasando una parte del convento a casa de vecinos, una buena parte en plaza y el resto a Casa de la Diputación, cuando al amparo de la ley orgánica comenzaron a organizarse las diputaciones provinciales.

El gesto heroico de recuperación de la imagen del Cristo de la Cama. 

Merece especial mención el gesto heroico, semejante al de Agustina de Aragón, el que protagonizó una mujer zaragozana, María Blánquez, al intentar liberar la imagen del Cristo de la Cama de esta iglesia de San Francisco. Se lanzó valientemente al interior del templo y, en medio de llamas y disparos, entre sangrientas bayonetas francesas y los dolorosos quejidos de los heridos y moribundos, ahogada por el humo y el polvo, ayudada por cuatro labradores, logró rescatar la sagrada imagen del Cristo de la Cama. Sin temor, entre los dos fuegos, lograron sacarla a la plaza y trasladarla al palacio arzobispal. La imagen presentaba huellas de siete balazos y señales de haber sido pinchada por las bayonetas.

Tomamos el relato de unos Recuerdos… aparecidos con motivo del 150º Aniversario de los Sitios, basados en el diario de Casamayor:

Aquel día, 17 de febrero, los fuertes ataques enemigos hicieron concebir el temor de que el convento franciscano fuese totalmente arrasado (de hecho, desde el día 14 estaba ya en manos francesas).

Con voluntad de heroína, una mujer llamada María Blánquez penetró en la derruida capilla y tomando una bandera de las cinco que figuraban las partes del mundo, avisó a unos hombres para salvar de la hecatombe la efigie de Nuestro Señor… Alumbrada la sagrada imagen con dos velas, marcharon al palacio del General Palafox por aquel dédalo de calles y encrucijadas, ya que la actual Alfonso I y circundantes, no eran entonces más que un estrecho y cerrado trenque. Silbaban las balas, y aunque algunas rozaron la preciosa escultura, lastimándola ligeramente, quiso Dios que los meritísimos porteadores lograran llegar indemnes.

Finalmente, la imagen fue trasladada al Pilar, entre encendidos fervores y cánticos de los zaragozanos, a su paso por las calles de la ciudad. Cerca de un año permaneció la sagrada imagen en el Pilar. Finalmente, en 1813, la Hermandad de la Sangre de Cristo fijó su sede en la iglesia de S. Cayetano, y desde entonces se venera allí la imagen. Al establecerse canónicamente en esta iglesia la Real Hermandad de la Sangre de Cristo, esta sagrada imagen continua venerándose en dicho templo. Es una talla del siglo XV de escultor desconocido.

[1] BLASCO MARTÍNEZ, Rosa Mª: “Zaragoza en el siglo XVIII”, Zaragoza, 1977, p. 41-43 BLASCO MARTÍNEZ, Rosa Mª: “Zaragoza en el siglo XVIII”, Zaragoza, 1977, p. 41-43.

[2] CASAMAYOR,  o. c. p. 120

[3] CASAMAYOR, o. c. p. 122.

[4] CASAMAYOR, o. c. p. 143

[5] “Los Sitios de Zaragoza”, Homenaje a los Generales, o. c. pp. 250-251.

Agradecimientos a la Asociación Histórico-Cultural Los Sitios de Zaragoza por el recuerdo de esta efeméride importante para nuestra ciudad.

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