#HistoriaDeMuseos1. Zaragoza. Museo Goya.

Introducción.

El equipo de Museistícate ha decidido comenzar una serie de entradas con el hashtag #HistoriaDeMuseos, con el objetivo de conocer a fondo la historia de cada uno de los museos e instituciones culturales en Aragón y, por extensión, en España.

Comenzamos por Zaragoza. La Caesaraugusta romana, la zaraqosta islámica, la bellísima Zaragoza renacentista definida ya a finales del siglo XVI, la que amplió sus calles con palacios modernistas y que modificó su perímetro urbano al Centenario de sus dos Sitios con la Exposición Hispano Francesa, y la ciudad que se sumó muy tempranamente a la modernización cultural que, desde los años setenta –aunque en verdad, debemos contar desde los ochenta– llevaron a cabo las principales ciudades europeas.

De las primeras actuaciones, entonces novedosas, debemos comenzar con la rehabilitación en museo (llamado Ibercaja Camón Aznar durante bastante tiempo hasta el año 2015 que pasó a denominarse Museo Goya), allá por aquel lejano 1976, de la antigua casa palacio de Jerónimo Cósida, situada en pleno centro histórico de Zaragoza, muy próxima a plaza del Pilar, en la calle Espoz y Mina.

El inmueble del museo se trata de una casa palacio, como ya he apuntado antes, que fue residencia de un infanzón zaragozano: D. Jerónimo Cósida, que estuvo casado con la noble Violante de Albión. Tras pasar por diversos propietarios y cambios de uso, el inmueble es hoy sede del Museo Ibercaja Camón Aznar (y desde el año 2015, Museo Goya).

Características histórico-artísticas del inmueble.

Fue construido por el maestro morisco de casas Juan de Lanuza entre 1530 y 1551 siguiendo el modelo de palacio del primer renacimiento zaragozano. Se articula en torno a un patio cuadrangular central (imita al patio de la Infanta o patio de la antigua casa de Gabriel Zaporta) que distribuye tres plantas de piedra y ladrillo. Un patio de estructura arquitrabada y columnas anilladas con ricos capiteles corintios en el piso inferior, el cual sirve de vestíbulo y en origen acogía estancias como las caballerizas y la bodega. La planta superior o piso noble presenta una sucesión de elegantes columnas y rica decoración de grutescos y medallones de yeso en el antepecho, y es en este piso donde se disponían las habitaciones privadas de la familia y en la superior las del servicio y el granero. Su fachada principal es de una composición plana, con portada de piedra, mirador de arquillos conopiales y alero de trama menuda y calados de lóbulos.[1]

Fig1
Proceso de restauración de la fachada de Regino Borobio Navarro, 1976-79.
Fig2
El patio de la casa-palacio de Jerónimo Cósida antes de la restauración de 1976-79.

Hasta su adquisición, el palacio (originariamente llamado “Palacio del Pardo”) había sufrido algunas reformas llevadas a cabo por los distintos propietarios y sus consiguientes reformas. Mauricio Bobadilla Escribá de Romaní, que fue marqués de Bobadilla, la compró en el año 1873 a los herederos por aquel entonces del primer propietario del palacio, Diego Pardo. Mientras sus últimos propietarios, los Moliner Artal, que la adquirieron en 1931 para uso de vivienda y como local destinado a la venta de muebles justo antes de ser convertido en museo. Pero todos estos cambios de propietarios y cambios en el propio inmueble no hubieran sido posibles -sobre todo en lo que se refiere a la conservación del mismo- sin el arquitecto zaragozano Regino Borobio Navarro, quien fue el encargado de realizar las obras de restauración y acondicionamiento para el futuro museo. Borobio trabajó en este proyecto de mantenimiento entre los años 1976 y 1979, devolviendo así al inmueble, en su esencia, al estado originario, en el cual había sido levantada la vivienda del infanzón y mercader Jerónimo Cósida en la década de 1530.[2]

La intervención de Borobio fue decisiva en esa fase inicial de intervención y adecuación del inmueble como espacio expositivo, aunque décadas más tarde experimentara nuevas transformaciones para adaptarse al concepto expositivo moderno del siglo XXI y del cual abordaremos más adelante.

Lo llevado a cabo por Borobio Navarro (1976-79):

  • Se recuperó la concepción de fachada original, con muros de ladrillo a cara vista, rellenando las juntas con yeso (zaboyados), así como la ordenación de los vanos que dan a la calle Bayeu, los cuales ya aparecían en los planos de la reforma de 1880.
  • La corrección de la crujía delantera, suprimiendo el forjado interpuesto en la altura de la falsa y sus balcones correspondientes en la fachada principal.
  • Se retiró la vidriera del patio, colocada en 1932, dejando libre la arquería de la planta superior. El patio quedó finalmente cubierto con una claraboya.
  • Recuperó además la gran escalera de distribución, cuya embocadura, en su planta baja, se organizaba mediante tres arcos de medio punto que cargaban sobre columnas abalaustradas; aunque en la restauración fue modificada esta distribución en pos de conectar mucho mejor el hueco de la escalera con la estructura del patio.
  • También recuperó y acondicionó la bodega, con un nuevo acceso desde el patio, para su nuevo uso como sala de conferencias. Recuperaba de este modo, la conocida Caja de Ahorros, uno de los edificios más emblemáticos del primer renacimiento civil aragonés y así mismo, creaba un Museo e Instituto de Humanidades con doble fin: como colección permanente de las más de 800 obras donadas por José Camón Aznar y el Instituto como catalizador de actividades culturales (conferencias, visitas) con el fin de ser un ente dinamizador y dispensador de la cultura con mayúsculas en la capital maña.

Para este primer plan museográfico, fue fundamental la colaboración Camón-Borobio. El arquitecto se inspiró en los bocetos y consejos de Camón, en la idea de crear un lugar de fácil recorrido y comprensión, sin olvidar un ambiente de agradable visualización, evitando así que la obra artística quedase distante.

Fig3
Galería superior del patio tras la reforma de 1976-79.
Fig4
Interior de las salas de la tercera planta antes de la remodelación de la segunda fase museográfica 2007-2008.

La colección artística del museo.

A José Camón no le faltaba idea de historia ni de arte, pues como nos señala el profesor y también catedrático Manuel García Guatas, “la colección de Camón Aznar es la de un catedrático de universidad buen conocedor de la pintura histórica y contemporánea”.[3] Y es que razón no le falta, pues Camón fue un destacado coleccionista de arte español en su tiempo.

El museo se estructura en tres plantas y 26 salas.

Fases museográficas.

En una primera fase museográfica, se siguió un orden cronológico:

  • La primera planta mostraba un recorrido por la pintura y escultura de los siglos XVI al XVIII. Del siglo XVI con obras como La Sagrada Conversación de escuela italiana, el San Jerónimo de Metsys, o el fragmento de la adoración de los pastores de Francisco de Osona. Destaca así mismo de este mismo siglo XVI, el Cristo con la cruz a cuestas, de un seguidor de Luís de Morales y la tabla de San Luís Beltrán, obra de Juan de Sariñena. Del siglo XVII, obras como Cristo crucificado de Francisco Zurbarán, Arquímedes de José Ribera, o San Ramón Nonato de Antonio del Castillo. Junto a las pinturas, se exponen varias esculturas de pequeño formato de escultores con renombre en Aragón como es el caso de Juan de Anchieta, Gregorio Fernández y Juan de Juni. La planta se cierra con obras del siglo XVIII españolas, flamencas, francesas e italianas.
  • En la galería Principal se expuso una selección de esculturas de los siglos XVI y XVII; ocupando un lugar destacado la colección de dibujos y esculturas del aragonés Honorio García Condoy (siglo XX). Las pinturas dieciochescas y decimonónicas ocupaban la segunda planta, de las cuales, para no cargar en demasía esta entrada con demasiados nombres, citaré los más sobresalientes y afamados por la historiografía: El Sueño de San José de Corrado Giaquinto, La Fundación del Templo del Pilar de Zaragoza de Antonio González Velázquez, también un buen conjunto de obras de Eugenio Lucas, Eduardo Rosales y Muñoz Degrain, Carlos de Haes y Mariano Fortuny. Y cierran el recorrido de esta sala obras de pintores españoles del último tercio del XIX y comienzos del siglo XX, entre ellos, Aureliano de Beruete y Francisco Pradilla, entre otros.
  • En la tercer planta, se exponían obras de artistas que trabajaron en los cincuenta primeros años del siglo XX, nos referimos a Valentín de Zubiaurre, Juan de Echevarría, Rafael Durancamps, José Frau Ruiz, Llorens Artigas, Eduardo Vicente, Genaro Muñoz, Álvaro Delgado, Juan Barjola, José Beulas, Cristino de Vera. Destacando las obras de los artistas que pertenecieron a la Escuela de Vallecas. Además de la exposición de esculturas de cuatro artistas españoles que desarrollaron su obra después de 1940: Pablo Serrano, José Esteve Edo, Baltasar Lobo y Joaquín Rubio Camín. En este espacio también se incluía una pequeña sala de dibujos correspondiente al largo periodo de 1800 a 1950. Y, finalmente, como cierre de la colección, la tercera planta acogía la sala de los grabados de Goya.

Pero en los años 2007-2008[4], coincidiendo con el año de la Expo Internacional Zaragoza y el Bicentenario de Los Sitios (1808-2008), sufrió una reforma en su plan museográfico. La empresa encargada fue Cuadrifolio y el proyecto estuvo dirigido por el arquitecto Javier Alocén. Y, ya el titular del presente museo apuntaba que el sentido del mismo, su singularidad, lo tenía que dar la figura de Goya. En las tres plantas del museo, se pretendía que fuera un museo de Goya y sobre Goya situando sus obras en la planta noble. Las condiciones técnicas del espacio, tales como iluminación, climatización y seguridad no eran del todo las adecuadas para la conservación y exhibición de la colección. Asimismo, era también muy necesaria la ampliación de la sala de exposiciones temporales, como un espacio digno que complementase y reforzase este tipo de actividades. Las tareas más significativas que se llevaron a cabo en esta fase de reforma, fueron las de primero, limpiar la estructura de todo cierre visual creando espacios limpios, incluyendo mejoras –en iluminación, climatización  y seguridad– adaptadas a los modernos sistemas de exhibición.

No obstante, recientemente, en el año 2015 (concretamente el 26 de febrero), el museo cambió de nombre, pasándose a llamar museo Goya, ahora bien, siguiendo el espíritu que se pretendía en la reforma concluida en el año 2008 de querer hacer un museo dedicado al artista de Fuendetodos. Se modificó el plan museográfico –por tercera vez– conforme al plan aportado seis años atrás, dotándole de un carácter cronológico, el cual se dispone a lo largo de sus tres plantas.

Fig 8. Distribución actual. Desde 2015.
Fuente: Web del Museo Goya
  • En la planta 0 la sala de audiovisuales dedicada a conferencias y cursos que el museo tiene entre sus actividades. Además, también se conservan restos romanos encontrados perfectamente consolidados, pues no debemos olvidar que se encuentra ubicado cerca de la intersección cardus-decumanus romano de la Caesaraugusta romana. Los restos descubiertos remiten a una estructura rectangular, con apoyos para columnas internas que se relacionan con un espacio de aire basilical.
  • En la planta 1, aquellas obras que, por su cronología, son antecedentes a Goya.
  • En la planta dos, la denominada sala de Goya con pinturas suyas en un ala de la sala mientras que en el ala de enfrente sus grabados.
  • Y, finalmente, en la última planta, obras legado del pintor aragonés.
Fig.7
Actual Sala de Conferencias situada en la antigua bodega.

En definitiva, con esta última actualización de su plan museográfico aparte de modernizarse los planes de exposición (más clara y diáfana), de acuerdo a nuestros tiempos, se ha conseguido un itinerario o ruta bastante didáctica agrupando las obras por su carácter cronológico para que el visitante entienda las obras antecedentes, coétaneas y legado a la obra de Francisco de Goya. Y, de esta forma, que el visitante de museos –de cualquier edad y condición– no se pierda en el sentido que el museo ha querido presentar: un museo que gira alrededor de la figura del artista  de Fuendetodos, ampliando a  sus antecedentes y legado.

Fuentes:

[1] Gómez Urdáñez, C., Zaragoza y los Palacios del Renacimiento, Zaragoza, Obra Social y Cultural de Ibercaja, 2008.

[2] Gómez Urdáñez, C., “El Palacio Sede del Museo”, en Museo Ibercaja Camón Aznar. Homenaje y memoria, Zaragoza, Lunwerg e Ibercaja Obra Social, 2009, p. 22.

[3] García Guatas, M., “Arte contemporáneo en el Museo Ibercaja Camón Aznar”, en Museo Ibercaja Camón Aznar. Homenaje y memoria, Zaragoza, Ibercaja Obra Social, 2009, p. 163.

[4] En una segunda fase museográfica del museo.

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