#PROYECTOCULTURAL2. AETAS RATIONIS.

Ya os presenté en una entrada o post anterior (clic aquí si no lo vieron), un proyecto cultural llevado a cabo por un grupo especializado e interesado en la edad media civil; pues bien, hoy -y siguiendo con gran parte de los principales objetivos de museistícate– a los que os gusta y/o apasiona el siglo XVIII a fondo estáis de suerte.

Os presento a Aetas Rationis, un grupo de investigación y recreación que se dedica a investigar todo lo relativo a la guerra de Sucesión Española en Aragón, ha publicado ya varios libros y artículos de divulgación y también hace recreación, aunque ahora se encuentran con poca actividad, desde el año 2009 hasta el 2014 estuvieron -en lo que a recreaciones históricas se refiere- muy activos.

Los estatutos de esta asociación definen la recreación histórica como la representación de hechos pasados de todo tipo que puedan ayudar actualmente a la mejor comprensión de la significación e impacto que dichos hechos tuvieron para los hombres y mujeres que los vivieron, y para el devenir histórico de nuestra sociedad.

Permítanme refrescarles la memoria de lo que significa recreación histórica: el recreacionismo -aunque más conocido por su acepción inglesa, “reenactment”- es mucho más. A veces recibe el nombre de “Historia Viva”, término que representa literalmente la naturaleza de esta actividad: desde dentro, permite a quienes la practican experimentar la vida cotidiana de personas de épocas pasadas; desde fuera, acerca a quienes la presencian un conocimiento de primera mano sobre cómo era esa vida cotidiana. Como punto de partida, la asociación recreará el Regimiento Aragón, el que ampliaremos más adelante.

Pero además de ello, lo que ellos quieren mantener muy claro, es que la recreación histórica  -y, por extensión, Aetas Rationis- está desprovista de toda identificación de tipo religioso, político o belicista. Se trata de una asociación abierta a personas de toda condición, sin discriminación de ningún tipo.

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Fotografía del grupo Aetas Rationis. Extraída de: la web del fotógrafo amateur Julio Marín.

Uno de sus objetivos explicados en sus estatutos fue la de la Recrearon fiel del uniforme del Regimiento de Aragón de infantería de línea. Este batallón fue creado en el año 1711 por D. Manuel de Sada y Antillón, que guardaría su nombre hasta 1718.

Los colores distintivos del Regimiento Aragón, blanco para la casaca y rojo para la divisa, se mantendrían a lo largo de todo el siglo XVIII. No obstante, el uniforme iría evolucionando  a medida que avanzaba la centuria.

El equipamiento del soldado se componía de: tricornio de fieltro negro, galoneado en blanco (en plata para los Oficiales) por ser plateado el botón del uniforme, y con una cucarda roja. La casaca  de paño blanco con las vueltas de las mangas en rojo. El forro sería igualmente rojo hasta 1748, excepto durante la  campaña de Sicilia (1718-1720) en que se dispondría blanco por razones económicas.  Del mismo modo, hasta 1748 la casaca no llevaría cuello, salvo en el caso de los Oficiales que podían incorporarlo o no, a su albedrío. Desde 1718, las carteras de los bolsillos tendrían seis botones como distinción por el comportamiento del Regimiento en la Batalla de Melazzo. Chupa o almilla de paño rojo, eventualmente con mangas amovibles en el caso de la tropa, y con una apertura central en el vuelo posterior, al menos en el caso de los Oficiales (para permitirles montar a caballo con comodidad). Entre 1718 y 1720, por las razones mencionadas respecto al forro de la casaca, la chupa sería igualmente blanca. Camisa corbata de lienzo. Calzón de paño rojo (blanco entre 1718 y  1767). El cierre sobre la rodilla se haría con cinta, hebilla o botón, y la abertura lateral se cerraría por los mismos medios. Medias de estambre, de color rojo al menos durante la primera mitad del siglo. Zapatos negros con hebilla. Polaina de lienzo blanco con botones negros de hueso o cuero. Jarretera de cuero con hebilla de latón para sujetar las medias o las polainas por debajo de la rodilla. Biricú (ceñidor con tahalí porta-espada) en cuero de su color. Después de la Guerra de Sucesión, la tropa dejaría de llevar espada, quedando ésta reservada para los mandos (Oficiales, Sargentos y Cabos),  músicos y granaderos. Porta-bayoneta independiente del porta-espada, colgado sobre la cadera izquierda. Cacerina (cartuchera ventral) de cuero de su color, que normalmente albergaba un taco de madera agujereado para alojar los cartuchos del fusil. Polvorín o cebador de madera, hueso o cuero con pólvora más fina que la del cartucho, para cebar la cazoleta del fusil. Normalmente se llevaba junto a la cacerina (colgado de la misma o del cinturón) o bien sobre el costado derecho, colgado del hombro izquierdo. Frasco de madera, cuero o hueso, que se llevaba colgado del hombro izquierdo sobre el costado derecho, con pólvora de reserva. En cuanto a las armas portaban fusil de chispa, espada o sable de infantería y bayoneta.

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Los granaderos, en vez de tricornio vestían la birretina o gorra granadera (aunque su morfología cambiaría a lo largo del siglo, se trató siempre de un sombrero ligeramente cónico para que su forma no embarazara el lanzamiento de las granadas) y su equipamiento se completaba con la bolsa granadera, que servía de alojamiento a las granadas y colgaba sobre el costado derecho desde el hombro izquierdo. En la bandolera, a la altura del pecho, se llevaba el portamecha, un cilindro metálico que alojaba la mecha con que se prendían las granadas.

Los Oficiales además, portaban gola (media luna metálica dorada o plateada, reminiscencia de la gorguera de la armadura, que exhibían colgada del cuello cuando estaban de servicio), dragona (cinta cosida sobre el hombro derecho con sus dos cabos cayendo sobre el brazo) y bastón de mando para evidenciar su rango. Rango que, por otra parte, se reconocía en los galoneados con que orlaban la casaca, así como en la superior confección de su vestuario. El mando se evidenciaba igualmente con las armas propias del rango: el espontón,  reservado al Capitán; y la alabarda, reservada al Sargento.

Como ven, todo detalle del uniforme queda completamente cubierto, nada se ha dejado sin estudiar del mismo. Las telas que llevan están confeccionadas en paño grueso y las armas son réplicas de originales.

Su más reciente proyecto: ARQUEOZ1710.

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El proyecto surgió por una necesidad latente (como surge todo proyecto cultural) que mostraron el que hoy es su presidente y socios. Poco se conocía hace hoy ya más de seis años acerca de la Guerra de Sucesión Española en Aragón ni de la reducción de espacio que está sufriendo el área arqueológica donde se produjo la batalla.

La Guerra de Sucesión Española fue una auténtica guerra que enfrentó a las dinastías más poderosas de Europa: Austrias contra Borbones. Y fue en la Batalla de Zaragoza de 1710 donde se enfrentarían por primera vez en persona los dos pretendientes que se disputaban el trono de España: el archiduque Carlos de Habsburgo y Felipe de Anjou.

La batalla se libró a las puertas de la ciudad de Zaragoza y en ella participaron una media de casi 45.000 hombres. Las tropas formaban una línea de unos 6 Km de longitud que se extendía desde las alturas del Monte Torrero hasta la ribera del Ebro. Pese a esta amplitud, la intensa actividad humana que se desarrolló en la misma ha reducido los espacios susceptibles de estudio arqueológico. Y esos espacios están a punto de desaparecer bajo el desarrollo urbanístico del sureste de Zaragoza.

La necesidad de dicho estudio viene justificada no sólo por su interés científico sino por la justa pretensión de valorizar el patrimonio histórico de Aragón en general y de Zaragoza en particular. En ese sentido, el estudio arqueológico no sólo constituye un fin en sí mismo sino que, a la vez, abre el camino a la creación de un centro de interpretación histórica sobre la batalla en el Barrio de Torrero-La Paz. Pero, a nuestro pesar de sus enormes esfuerzos, ha quedado truncado por la falta de apoyo tanto institucional como político.

Por otra parte, y ya para finalizar, les recomiendo encarecidamente los artículos de divulgación que han ido publicando y subiendo a su web (clic aquí).

Agradecimientos: © J. Alfonso Gamero (presidente de la asociación Aetas Rationis).

Fuentes:

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